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Editorial

CARTA RESPUESTA DE MARIA JOSE ABENG AYANG, LA MADRE QUE RECUPERO A SU HIJO


publicado por: REDACCION guinea.net el 15/09/2016 14:58:42 CET


Mi nombre es María José Abeng Ayang.


Soy española, aunque mi piel sea negra. Nací en Guinea, y me vine con mi familia a España a la edad de dos años, acompañada de mi madre y mis dos hermanas. Mi madre vino a buscar un futuro mejor para sus hijas, y así crecí yo… en España… pensando que habíamos llegado por fin a nuestro país, al sueño prometido…

Fui al colegio aquí, hice mis amigas, mi mundo y me creí europea. Y digo esto porque, evidentemente, mi madre no tenía el mismo concepto (las niñas guineanas no salen de su casa, se acuestan a las siete de la tarde, y no van al parque solas con sus amigas). Así que a los 11 años, creyéndome la reina del mundo, y ante todo europea, yo no podía ‘permitir’ que mi madre decidiera que debía acostarme temprano o que no podía ponerme una ropa determinada, entre otras muchas cosas porque, repito, YO ERA EUROPEA.

Así que un día se me ocurrió la ‘maravillosa’ idea (recuerden que tenía 11 años) de acudir al puesto de la Guardia Civil, para que dijeran a mi madre que yo no era guineana. Pero no fue así. Desde la Guardia Civil, se avisó a los Servicios Sociales del Principado de Asturias, y ahí empezó algo… que no sé muy bien cómo describir. Quizá la palabra exacta sea ‘el infierno’. Quizá yo había muerto y había ido directamente al averno sin pasar por el purgatorio.
A partir de ese mismo día, me ingresaron en un centro de acogida. Y aunque mi madre luchó y luchó por sacarme del centro… solo era una ‘pobre’ mujer guineana, que vivía entre Suiza (lugar donde trabaja mi padre como ingeniero), España y Guinea….

Mi sueño europeo quedó relegado a vivir en un centro de acogida. Mis ideas de ‘princesa’ se esfumaron, negando mi responsabilidad personal y achacando todos mis males a mi madre. La necesidad de justificación de todo lo que me estaba ocurriendo me hizo llegar a interpretaciones distorsionadas de la realidad y crearme un mundo paralelo para no sufrir. Un mundo de fantasía e ilusión propio de una niña, donde soñaba que un príncipe azul venía a rescatarme, luchaba contra los dragones malvados que me habían encerrado y vivíamos felices y comíamos perdices para siempre.

Pero en ese punto, me quedé embarazada con 14 años, estando ingresada en el centro de acogida, de una persona que ni era príncipe, ni era azul… todo lo contrario. Ni siquiera supe que estaba embarazada, porque para aquel entonces el príncipe había desaparecido, y yo ya había decidido salvarme sola. A los siete meses de embarazo, en una visita de fin de semana a mi casa, mi madre se dio cuenta de que mi tripa no era normal, y me obligó a hacerme una prueba de embarazo.

Qué curioso que los Servicios Sociales, que querían protegerme de mi propia madre (recuérdese que para ingresarme en un centro de menores, se me había declarado en desamparo), no pudieran protegerme ellos de un embarazo, y ni siquiera se dieran cuenta de que una vida crecía dentro de mí.

Desde ese momento, cuando mi madre se enfrentó a los dragones pidiendo explicaciones del embarazo, se me dijo muy cordialmente que el niño iba a ser dado en adopción. Porque sí, era un varón y se llamaría Juan Francisco Abeng Ayang.

Pasé aquella noche tragándome mi propia estupidez, y suplicando a ‘quien fuera’, Dios, la Virgen o todos los Santos… que no le dejara marcharse de mi lado, porque yo ya le quería, porque un sentimiento nuevo había nacido dentro de mí, porque daría mi propia vida por ese niño que llevaba dentro, y porque descubrí que cuanto más amas, más puedes amar. Empecé a recontextualizar el tiempo, el lugar y la intención, y a sentir que ya no necesitaba ‘conseguir’ nada. Ya lo tenía todo. Y me sentí feliz como nunca, por llevar ese niño en mis entrañas.

Pero esta idea no gustó a quien me había desamparado amparándome, ni entraba en sus planes, que yo pudiera hablar más de la cuenta, y mucho menos que me quedara con mi hijo, … así que cuanto antes se deshicieran del mismo, mucho mejor… No fuera a ser que yo destapara lo que no convenía, o ‘la guineana’ de mi madre pudiera incluso pedir responsabilidad patrimonial de la Administración pública. Así que, cuando empezaron los asistentes sociales y los educadores a ‘intentar’ convencerme de que mi hijo DEBÍA SER dado en adopción, huí de España sola, embarazada de siete meses y medio hacia Guinea, ayudada por un tío mío.

Permanecí en Guinea durante mes y medio… ojalá nunca hubiera vuelto. Pero el abogado de mi madre me convenció para que volviese, bajo la presión de que podría causarle problemas legales a mi madre, y con la premisa de que nunca permitiría que me quitaran a mi hijo.

Y volví. Y me puse de parto. Y me hicieron una cesárea, el día 4 de junio de 2012… y ni tan siquiera me dejaron ver a mi hijo. Le sacaron del hospital al día siguiente, mientras yo me quedé siete días. No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo. Nadie me decía dónde estaba, solo que le iban a dar en adopción. Me pasé siete días llorando sin parar, y cuando salí del hospital volví a ‘mi centro de acogida’.

Juan Francisco, en cambio, ya estaba en otro centro de acogida. Ni siquiera nos dejaron estar juntos. Me programaron unas visitas un día a la semana durante una hora, y aunque mi madre el día 22 de junio empezó a iniciar acciones legales, yo me sentía sumamente desprotegida por la Administración, que precisamente era quien debía protegerme.

A los seis meses me redujeron las visitas a una hora al mes, y a los tres meses suspendieron todas las visitas. Ya no quería ser europea, solo quería estar con mi hijo. Me sentía tan ‘desamparada en mi desamparo’ qué pensé que Dios me había abandonado, y que ya no necesitaba ayuda de nadie, porque solo yo podía ayudarme.

Me hice un inventario interior, y aunque parecía que mi mundo se había paralizado, saqué fuerzas para recurrir desde el año 2012 todas y cada una de las resoluciones de la Consejería, buscando letrados de oficio, que actuaban como defensores judiciales (recuérdese que yo tenía 15 años, y seguía tutelada), llegando a juicios donde se dictaban sentencias en mi contra, por el único motivo de que yo era menor y estaba siendo tutelada. Mi madre, por su parte, empezó su propia guerra particular contra la Administración pública, convirtiéndose en una ‘abuela molesta’, que presentaba escrito tras escrito y recurso tras recurso.

Oíganme… no lo hagan nunca. No molesten a la Administración pública. No molesten a aquellos cuyos sueldos pagamos. No incomoden a aquellos que hemos votado, y que están para defender nuestros intereses. No lo hagan nunca, o los dragones se volverán contra ustedes. Alábenles y díganles lo bien que hacen su trabajo…. así les irá mucho mejor. Confíen en mi experiencia.

Y prueba de lo que hasta aquí he escrito, copio literalmente una contestación que se me dio en el año 2013 por la jefa de la Sección de Centros de Menores del Principado de Asturias, (hay muchas como esta) para que ustedes observen y lean (si alguien quiere leer más… hay unas cuantas tan ‘agradables’ como esta):

“Asimismo, se te habló de que existe un conflicto de intereses en esta Administración pública que no pueda defender el derecho legítimo de JUAN FRANCISCO a tener unos padres y no crecer en un centro, y tu derecho como madre a tener relación, aunque sola, sin apoyos que te permitan convivir con familiares y en un centro de protección, motivos por los que no tienes capacidad para asumir su crianza. Es por este motivo por el que se te ha nombrado una defensora legal, en concreto, la letrada…, para que ejerzas tu derecho a valorar qué hacer y, si lo deseas, recurrir la Resolución de 5 de Febrero de 2013 de Inicio de Acogimiento Preadoptivo en Familia Ajena (cuya copia se adjunta).

También cabe la posibilidad, aunque no estés conforme con el acogimiento preadoptivo de tu hijo, de que no recurras al entender que lo mejor para tu bebé es tener unos padres que le puedan dar todo lo que tu querrías pero no estás en condiciones de darle, y que te despidas llegado el caso de JUAN FRANCISCO”.

Mi mundo se desmoronó. Durante meses, caí en una profunda depresión, más cuando, abogado tras abogado, ninguno conseguía vencer al dragón gigante.

Fueron años de peleas en tribunales, de cerrarme la puerta en las narices, de incomprensión, de crueldad despiadada. Y les digo: No. Nunca he bebido, como se ha atrevido a decir el Sr. Vila, nunca he fumado, nunca me he drogado, ni nunca me han maltratado. Aquí está mi cuerpo para hacerme las pruebas que consideren. No me QUITARON A MI HIJO por tener mala vida. ¿Qué mala vida podría haber tenido interna en un centro de acogida con 14 añosn? ¿Se preocuparon en cambio de si el padre estaba en el propio centro? ¿Si pertenecía a esa Administración que intentaba tapar el sol con un dedo, dando a mi hijo en adopción para así acallar a una pobre niña guineana? Tranquilo, dragón. Mi hijo no tiene padre. Tiene madre, y soy YO.

Pero Dios es grande y nunca nos falla. Y a mí me puso un ángel en mi camino. Mi abogada, Nieves Ibáñez Mora, quien por primera vez se interesó por mi caso, y se pasó noches y noches en vela, estudiando aquel expediente enrevesado, descolocado y sin principio ni fin. Y tras dos nuevos juicios y dos nuevos años de lucha, la Audiencia Provincial de Oviedo, con el apoyo de TRES PERITOS (dos psicólogos, doña Elena Aza, don Carlos Castellanos y una trabajadora social), estimó la aberración que se había hecho conmigo desde que me privaron de mi hijo. Sí, Sr. Vila, no mienta más. TRES PERITOS, NO UNO COMO USTED VA CONTANDO. La sentencia está a disposición de quien quiera leerla, porque es demoledora respecto a la Administración pública, y al trato que se me dio en lo que respecta a mi hijo.

No voy a entrar, Sr. Vila, en su doble moral de representar a madres biológicas para recuperar a sus hijos, y ahora… curiosamente el caso contrario. Tampoco en los libros que usted escribe, sobre el mal funcionamiento del sistema, y los niños robados. Pero no voy a permitir una difamación más por su parte.

En cuanto a que mi hijo necesitaba una adaptación antes de ser entregado, estoy totalmente de acuerdo. Por eso, después de dilatar el proceso de entrega día tras día, el Juzgado instó la entrega el día 8 de agosto de este año, señalando un acoplamiento propuesto por la Consejería de Asturias, desde el día 3 al 8. Y allí nos vimos mi abogada y yo el día 2 de agosto en Valencia, para que el día 3 no se presentaran los padres de acogida. Tampoco lo hicieron ni el 4, ni el 5, ni el 6, ni el 7 ni el día 8 (día en el que acudieron desde Asturias tres técnicos de la Consejería de Servicios Sociales de Asturias a Valencia, para acudir a la entrega, y se fueron como vinieron).

Cada día era una tortura, como si me clavaran un puñal en el centro del corazón. Discutí hasta con mi abogada, quien me relegaba a la calma y yo solo podía pensar dónde estaría mi hijo. Nos quedamos en Valencia, mi abogada y yo, hasta el día 12, suplicando una respuesta y un poco de piedad. Pero… nos volvimos 14 horas en tren hasta Asturias, con el coche de la Patrulla Canina que había comprado para mi hijo, un montón de tortugas Ninja (que no pararon de sonar en las 14 horas de viaje) y el corazón roto, amén de la incertidumbre de si los padres de acogida habían desaparecido para siempre y jamás volvería a ver a mi hijo. Ni una sola palabra de aliento hubo por su parte, ni un mínimo de compasión.

Buscados los padres de acogida por las fuerzas de seguridad, para el cumplimiento de una sentencia (que digo yo que las sentencias tienen que ser cumplidas por todos, como yo las cumplí en su momento, desde cuando me denegaron las visitas hasta la última resolución judicial), y constando los padres de acogida oficialmente como ‘desaparecidos’, se dictó por el Juzgado una orden de “búsqueda y localización” de los mismos.

Localizados los padres de acogida por la Guardia Civil, el 5 de septiembre (casi nada, ¿verdad?, solo un mes en el que yo creí morir de angustia pensando que jamás volvería a ver a mi hijo, que se habían ido de España, y miles de cosas más que pasaron por mi cabeza…), mi abogada se puso en contacto con el Sr. Vila para realizar un plan de adaptación, desde el día 7 de septiembre (en que yo me volví a personar en Valencia) hasta el día 12. Pero no. No podía ser así. Los padres de acogida se negaron, instándoles como último día la Guardia Civil el día 12, o en su caso proceder a su detención.

¿Y ahora vienen ustedes a hacer todo este circo mediático, el día 12, en el cuartel de la Guardia Civil, con ambulancia, manifestación, mentiras, calumnias y difamaciones… cuando yo podía haber instado su detención, negándome a ello por entender su propio dolor?

¿Y me encuentro que toda la prensa, televisión nacional y privada, habla de mí sin saber lo ocurrido, lo que he pasado, y sin contrastar los hechos, guiados únicamente por lo que dicen los padres de acogida, que estaban legalmente desaparecidos?

¿Y sale en Televisión Española el Sr. Fernando Ónega suplicando justicia, en una televisión que pagamos todos los españoles? ¿Justicia para quién? ¿Y qué sentido de la justicia mueve a estos padres, su interés o el del menor? ¿No es acaso el interés fundamental de cualquier persona, el conocer y estar con su familia de origen? ¿Justicia para quién, repito? Justicia, solo si les favorece… si no les favorece, ¿se saltan la ley, la sentencia sin más y desaparecen? ¿Qué justicia está pidiendo quien incumple la justicia?

¿Qué oscuro trasfondo mediático esconde ‘mi caso’, que se ha hecho noticia a nivel nacional, como si hablásemos de una cuestión de interés nacional? ¿Se preocupa alguien de investigar si hay más casos como el mío, de negligencia de la Administración pública, o de qué procedimiento se realiza para dar a los niños en acogida, o cómo se elige a los padres de acogida? ¿Ustedes saben la cantidad de personas que se han puesto en contacto conmigo por padecer un caso similar al mío? ¿Se preocupa alguien de ello?

¿Qué contactos tienen ustedes, para llegar a nivel nacional, y que todos los medios de comunicación den la noticia de manera sesgada? ¿Hacer más mediático aún al Sr. Vila? ¿Defendemos los intereses de un niño, o queremos ganar nuevos casos para el despacho, y más dinero para embolsar? ¿A qué responde esta manipulación de la opinión pública, más cuando en este país hablar es gratis?

Esta es mi historia. Mi triste historia documentada, y que la Audiencia Provincial supo valorar, con un expediente de muchos folios, y SÍ, Juan Francisco Aben Ayang es mi hijo. Aunque se me privara de estar con el mismo durante cuatro años, ES MI HIJO. No soy alcohólica, ni drogadicta, ni tan siquiera fumo. No me maltratan ni me han maltratado jamás, como usted, Sr. Vila, osa decir. No me quitaron a mi hijo por llevar mala vida, porque yo era una niña custodiada, que vivía en un centro de acogida.

¿Acaso alguien ha preguntado por qué la Consejería, en abuso permanente de su derecho, envió después de la sentencia a la Policía a mi casa para preguntar a todos mis vecinos si mi pareja me maltrataba? ¿Por qué después de dictarse sentencia a mi favor me sigue la Policía y va a donde yo estudio? ¿Creen que voy semidesnuda por la calle y que bebo alcohol? Ya está bien, por Dios. Y si bebiera alcohol cuando salgo, que no es el caso, porque además no me gusta el alcohol, ¿qué? Tengo 19 años, soy mayor de edad y hasta ahora no he tenido a mi hijo conmigo. ¿Ninguno de ustedes bebe cuando sale? ¿Me van a demonizar por eso? Más cuando es incierto…

Difamar en este país parece que resulta gratuito… de momento. Solo soy una chica española de origen guineano que YA NO QUIERE SER EUROPEA, y que lo único que desea es estar feliz con su hijo. Hijo que tiene una familia, unos abuelos, unos tíos, unos primos, y ante todo una madre. Y mi hijo no se llama Joan (en valenciano), ni Xuanín en asturiano. Se llama Juan Francisco.

Solo tengo 19 años, pero la vida me ha curtido en la lucha con dragones. He llorado en estos cuatro años, ¡¡¡tanto!!! que a veces pensaba que no tendría más lágrimas para llorar el resto de mi vida. Me equivoqué, Sr. Vila. Hoy, viendo sus calumnias, he vuelto a llorar. Llorar de rabia, impotencia… Preguntándome el porqué de tanto dolor hacia mí y hacia mi familia… Y de alegría, de mucha alegría, al abrazar de nuevo a mi hijo (que, por cierto, es igual que yo… hasta tiene los mismos dientes separados que yo)…

No soy yo quien ha iniciado esto. No soy yo en quien tienen que volcar su rabia, su tristeza y su impotencia. Yo no les di el niño en acogida. A mí me lo arrebataron. No soy yo quien les ha puesto en esta situación. Solo soy una madre que AMA por encima de todo a su hijo. Que no ha dejado de luchar por él, desde el mismo momento en el que supe que me lo querían arrebatar… ¿o creen que me fue fácil huir a Guinea embarazada, con 14 años, para que no me lo quitaran?

Lo que está claro es que no voy a renunciar a mi hijo, ni ahora ni nunca. Si no hubiera llegado a recuperarle, le buscaría cuando tuviera 18 años. Y ¿qué creen que opinaría Juan Francisco cuando conozca toda mi historia, toda mi lucha contra los dragones?.

Gracias a todo aquel que se ha detenido en leer mi historia. Y por Dios… antes de opinar, conozcan la verdad.

P.D.: el niño está bien. Tranquilo como soy yo, y como es él. Respétennos y déjennos disfrutar lo que se nos ha denegado por el dragón en estos cuatro años. Gracias.




Fuente: Prensa española

¡Nota importante!
El contenido de los artículos publicados no refleja necesariamente la opinión de la redacción de guinea-ecuatorial.net
Véase también la declaración sobre el uso de seudónimos

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